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LA BIBLIA SATÁNICA (ANTON LAVEY) III PARTE.

(AIRE)
- EL LIBRO DE LUCIFER -
LA ILUMINACIÓN

El dios romano, Lucifer, era el Portador de Luz, el espíritu del aire, la personificación de la Iluminación y el Conocimiento. En la mitología Cristiana, se convirtió en el sinónimo del mal, ¡qué es lo único que habría de esperarse de una religión cuya existencia misma es perpetuada por definiciones confusas y valores fraudulentos! Es hora de aclarar las cosas. Deben corregirse los falsos moralismos y los errores ocultistas. Tan entretenidas como puedan ser, la mayoría de historias y obras sobre adoración del Diablo deben ser reconocidas como las ridiculeces obsoletas que son. Se ha dicho "la verdad os hará libres". La verdad por sí misma nunca ha liberado a alguien. Es la DUDA la que trae la emancipación mental. Sin el maravilloso elemento de la duda, el portal por el cual llega la verdad permanecería cerrado, imperturbable ante los golpes enérgicos de mil Luciferes. Cuan comprensible resulta que las Sagradas Escrituras se refieran al monarca Infernal como el "padre de las mentiras" -un magnífico ejemplo de inversión de carácter. Si uno va a creer ésta acusación teológica de que el Diablo representa la falsedad, entonces debe concluirse que sea ¡ÉL, NO DIOS, QUIEN ESTABLECIÓ TODAS LAS RELIGIONES ESPIRITUALES Y QUIEN ESCRIBIÓ TODOS LOS TEXTOS SAGRADOS! Cuando una duda es seguida por otra, la burbuja, ya repleta de tantas falacias desde hace tiempo acumuladas, amenaza con reventar. Para quienes ya dudan de las supuestas verdades, este libro es la revelación. Entonces Lucifer se habrá levantado.
¡Ya es tiempo de dudar! La burbuja de la falsedad se está reventando y su sonido es el rugir del mundo.

SE BUSCA!
- DIOS - VIVO O MUERTO!

Existe la creencia común y equivocada de que un Satanista no cree en Dios es un concepto popular bastante erróneo. El concepto de "Dios", tal como es interpretado por el hombre, ha sido tan variado a través de todas las épocas, que el Satanista simplemente aceptar la definición que mejor se ajuste a sus necesidades. El hombre siempre ha creado sus dioses, en vez de sus dioses haberlo creado a él. Para unos, Dios es benévolo; para otros, resulta aterrador. Para el Satanista, "Dios" -por cualquier nombre que se le llame, o bien por ningún nombre en absoluto- es visto como el factor de equilibrio en la Naturaleza, y no como un ser al que le preocupe el sufrimiento. Esta poderosa fuerza que permea y equilibra el universo es demasiado impersonal para preocuparse por la felicidad o la miseria de las criaturas de carne y hueso de esta bola de mierda sobre la cual vivimos.

Cualquiera que piense en Satán como malo debería tener en cuenta todos los hombres, mujeres, niños y animales que han muerto porque ello era "Voluntad de Dios". Con toda seguridad, una persona que lamente la pérdida inoportuna de un ser querido ¡preferiría mil veces tenerla otra vez junto a sí que en las manos de Dios! En cambio, son consolados melosamente por el clérigo de turno que dice "Fue la voluntad de Dios, hija mía"; o "Ahora descansa en las manos de Dios, hijo mío". Tales frases han sido una manera conveniente que los religiosos han utilizado para justificar o excusar la impiedad de Dios. Pero si Dios está al mando y es tan benévolo como se supone que es, ¿por qué permite que pasen estas cosas? Durante mucho tiempo los religiosos se han abalanzado sobre sus biblias y reglamentos para probar o refutar, justificar, condenar o interpretar.


El Satanista se da cuenta que el hombre, y la acción y reacción del Universo, son responsables de todo lo que ocurre, y no se engaña creyendo que a alguien le importa. ¡Ya no nos quedaremos sentados y aceptaremos el "destino" sin hacer algo al respecto, sólo porque así lo dice en el Capítulo tal y cual, Salmo así y asá, y baste con eso! El Satanista sabe que el rezar no ayudará mucho -de hecho, disminuye las posibilidades de éxito, ya que lo que suelen hacer las personas devotas es sentarse complacidamente y rezar por una situación que, si hicieran algo, la resolverían mucho más rápido!.

El Satanista rehuye términos como "esperanza" y "oración" ya que son indicio de aprehensión. Si esperamos y rezamos para que suceda algo, no actuaremos en una forma positiva para hacer que suceda! El Satanista, dándose cuenta que cualquier cosa que consiga es gracias a sus propios actos, toma control de la situación en lugar de rezarle a Dios para que ello suceda. El pensamiento positivo y la acción positiva añaden los resultados.

Así como el Satanista no reza para pedir la ayuda de Dios, tampoco le reza para que lo perdone por sus propios errores. En otras religiones, cuando uno hace mal, va y se le reza a Dios, o se confiesa a un intermediario y le pide que ore a Dios para que le perdone por sus pecados. El Satanista sabe que si la oración es de ningún provecho, el confesarse ante otro ser humano como él mismo, es menos provechoso -y es por demás, degradante.

Cuando un Satanista comete un error, se da cuenta que cometer errores es algo natural -y si se siente mal por lo que ha hecho, aprenderá de ello y se cuidará de no hacer lo mismo de nuevo. Si no se siente mal por lo que ha hecho, y sabe que hará lo mismo una y otra vez, no tiene por que ir a confesarse, mucho menos pedir perdón. Pero esto es exactamente lo que sucede. La gente confiesa sus pecados para que puedan limpiar sus conciencias -y tener la libertad de seguir pecando una y otra vez, casi siempre cometiendo el mismo pecado.

Hay tantas definiciones de Dios, en el sentido acostumbrado de la palabra, como tipos de personas. Las imágenes van desde la creencia en un dios que es más bien una idea algo vaga, una especie de "mente cósmica universal", hasta una deidad antropomórfica con una larga barba blanca y sandalias que sigue con atención todas las acciones de cada individuo.


Aún dentro de los confines de una religión dada, las interpretaciones personales de Dios difieren enormemente. Algunas religiones van hasta el punto de etiquetar a alguien que pertenece a una secta religiosa que no sea la de ellos, tildándolo de hereje, aunque las doctrinas generales e impresiones que se tienen de la divinidad sean bastante parecidas. Por ejemplo, los Católicos creen que los Protestantes están condenados al Infierno simplemente porque no pertenecen a la Iglesia Católica. De igual manera, muchos grupos que se han separado de la fe Cristiana, como las iglesias evangélicas o revivalistas, creen que los Católicos son paganos que adoran imágenes. (Cristo es representado en una imagen que sea físicamente más parecida al individuo que lo esté adorando, y sin embargo los Cristianos critican a los 'paganos' por adorar imágenes labradas.) Y a los Judíos siempre se les ha identificado con el Diablo.

Si bien en todas estas religiones el dios es básicamente el mismo, cada una se refiere al camino elegido por las otras como reprochable, y para colmo de males, cada uno de sus miembros REZA por los de las demás. Tienen desprecio por sus hermanos en la fe solo porque sus religiones portan distintas etiquetas, y tienen que liberar esa animosidad de alguna manera. Qué mejor forma de hacerlo, en vez de "orar"! Qué manera tan ridículamente cortés de decir "te odio"; tal es el apenas disimulado recurso conocido como "orar por tu enemigo"! Rezar por el propio enemigo no es más que rabia disfrazada y reprimida, y decididamente de una calidad bastante rastrera e inferior! Si ha habido una discrepancia tan violenta en cuanto a la manera apropiada de adorar a Dios, ¿cuántas interpretaciones de Dios puede haber -y quién tiene la razón?.

Todos los devotos a las "religiones de luz blanca" se ocupan de complacer a su Dios para que, al morir, puedan tener abiertas para sí las "Puertas Perladas". Sin embargo, si un hombre no ha vivido su vida según los reglamentos de su fe, puede, a último minuto, llamar un clérigo a su lecho de muerte para la absolución final. El sacerdote, pastor o ministro irá corriendo entonces, para que haga "las paces con Dios", y para cerciorarse de que el pasaporte para el Reino Celestial esté en toda regla. (Los Yezidis, una secta musulmana de adoradores del Diablo, adoptan un punto de vista muy distinto. Creen que Dios es todopoderoso, pero que también lo perdona todo, y que su misericordia es infinita, y por ende, creen que es al Diablo al que deben complacer, ya que es el que rige sus vidas mientras estén aquí en la Tierra. Creen tan firmemente que Dios perdonará todos sus pecados una vez que se les den los últimos ritos, que no sienten necesidad alguna de preocuparse con la opinión que de ellos tenga Dios mientras viven).

Con todas las contradicciones en las escrituras Cristianas, hoy en día mucha gente no acepta racionalmente el Cristianismo de la manera en que ha sido practicado en el pasado. Un gran número de personas está comenzando a dudar de la existencia de Dios, en el sentido establecido de la palabra. Algunos hasta han comenzado a llamarse "Cristianos Ateos". En verdad, la Biblia Cristiana es un montón de contradicciones; pero ¿qué podría ser más contradictorio que el término "Ateo Cristiano"?
Si los mismos líderes prominentes de la fe Cristiana están rechazando las interpretaciones anteriores de Dios, ¿cómo puede esperarse que sus seguidores se adhieran a tradiciones religiosas del pasado? .Con todos los debates acerca de si Dios ha muerto o no, si no lo está, ¡mejor que vaya a CUIDADOS INTENSIVOS!.

Eliphas Levi – El Gran Arcano del Ocultismo Revelado (CAPÍTULO V LAS TINIEBLAS EXTERIORES).

LAS TINIEBLAS EXTERIORES

Quedó dicho que el fenómeno de la luz física se opera y se realiza únicamente en los ojos que la ven. Es decir, que la visibilidad no existiría para nosotros sin la facultad de la visión. 

Lo mismo acontece con la luz intelectual: ella sólo existe para las inteligencias que son capaces de verla. Es la luz interior fuera de la cual nada existe sino las tinieblas exteriores donde, según la palabra del Cristo, no existen más que “llantos y crujir de dientes”.

Los enemigos de la verdad se asemejan a los niños miedosos, que derriban y apagan las luces para gritar y llorar mejor en las tinieblas. 

La verdad es tan indispensable del bien que toda mala acción, libremente consentida y realizada, sin que la conciencia proteste, apaga la luz de nuestra alma y nos lanza hacia las tinieblas exteriores. 

En esto radica la esencia del pecado mortal. El pecador está representado por el mítico Edipo, quien después de matar a su padre y ultrajar a su madre acabó por cegar sus propios ojos. 

El padre de la inteligencia es el saber y su madre es la creencia. 

Había dos árboles en el Edén, el árbol de la Ciencia y el árbol de la Vida. 

El saber debe y puede fecundar la Fe; sin él, ella se gasta en abortos monstruosos y sólo produce fantasmas. 

La Fe debe ser la recompensa del saber y el fin de todos sus esfuerzos; sin ella, dicho saber acaba por dudar de sí mismo y cae en un desaliento profundo que luego se cambia en desesperación. 

Así, de un lado los creyentes que desprecian la ciencia y que desconocen la Naturaleza, y del otro, los sabios que ultrajan, repelen y quieren aniquilar la Fe, son igualmente enemigos de la Luz y se precipitan, cada cual más deprisa, en las tinieblas exteriores en que Proudhon y Veuillot hacen oír su voz más triste que el sollozo y el crujir de sus dientes. 

La verdadera fe no puede estar en contradicción con la verdadera ciencia. Toda explicación de dogma cuya falsedad demostrase la ciencia debe ser reprobada por la fe. No estamos en el tiempo en que se decía: “creo porque es absurdo”. Debemos decir ahora: “Creo, porque sería absurdo no creer”: Credo quia absurdum non credere. 

La ciencia y la fe ya no son dos máquinas de guerra prontas a chocar, sino las dos columnas destinadas a sostener el frontispicio del templo en la paz. Es preciso limpiar el oro del Santuario, ordinariamente tan deslucido por la inmundicia sacerdotal. 

El Cristo dice: “Las palabras del dogma son Espíritu y Vida”, y para Él la materia nada vale. Añade también: “No juzguéis para no ser juzgados, pues el juicio que hagáis os será aplicado y seréis medidos con la misma medida que uséis”. ¡Qué espléndido elogio de la sabiduría y de la duda!. ¡Y qué proclamación de la libertad de conciencia!. De hecho, una cosa es evidente para quien presta atención al buen sentido: que si existiese una ley rigurosa aplicable a todos, y sin cuya observancia fuese imposible la salvación, sería preciso que esa ley promulgara de manera tal que nadie pudiese discutirla o dudar de ella. La duda posible equivaldría a una negación formal y el desconocimiento de dicha ley por parte de un solo hombre anularía de por sí, la divinidad de dicha ley. 

No hay dos maneras de ser hombre de bien. ¿Será la religión menos importante que la probidad?. Sin duda que no, y es por eso que jamás hubo más que una religión en el mundo. Las disidencias son apenas aparentes. Pero lo que siempre hubo de irreligioso y horrible es el fanatismo de los ignorantes, que se dañan mutuamente. 


La religión verdadera es la religión universal, y es por esto que solamente la que se llama católica trae la verdad. Esta religión posee y conserva la ortodoxia del dogma, la jerarquía de los poderes, la eficacia del culto y la magia verdadera de la ceremonia. Sustentando esto, a pesar del Papa si fuere necesario, seremos tal vez más católicos que el Papa y más protestantes que Lutero. 

La verdadera religión es, principalmente, la Luz Interna; las formas religiosas se multiplican a menudo y se esclarecen por el fósforo espectral en las tinieblas exteriores; pero es preciso respetar la individualidad de las almas que no comprenden el espíritu. La ciencia no puede y no debe emplear represalias contra la ignorancia. 

El fanatismo no sabe por qué la Fe tiene razón y la razón, al mismo tiempo que reconoce que la religión es necesaria, sabe perfectamente en qué y por qué la superstición
se engaña. 

Toda la religión católica y cristiana está basada en el dogma de la gracia, esto es, de la gratitud. “Recibiréis liberalmente, dad también con libertad”, dice San Pablo. La religión es, esencialmente, una institución de beneficencia. La iglesia es una casa de auxilio para los desheredados de la filosofía. Se puede dispensarla, pero no conviene atacarla. Los pobres que se abstienen de acudir a la Asistencia Pública no tienen por eso, el derecho de difamarla. El hombre que vive honestamente sin religión se priva a sí mismo de un gran auxilio, aunque pro ello no hace ningún agravio a Dios. Los dones gratuitos no se sustituyen por castigos cuando alguien los rehúsa, y Dios no es un usurero que haga pagar a los hombres intereses de lo que no le adeudan. Los hombres tienen necesidad de la religión, pero la religión no tiene necesidad de los hombres. Aquellos que no reconocen la ley, dice San Pablo, serán juzgados fuera de la ley. No habla aquí de la ley natural sino de la ley religiosa, o para ser más exactos, de las prescripciones sacerdotales. 

Fuera de estas verdades, tan dulces y tan puras, sólo hay tinieblas exteriores, donde lloran aquellos que la religión mal comprendida no podría consolar y donde los sectarios que toman el odio por el amor hacen rechinar sus dientes. 

Santa Teresa tuvo una visión formidable en cierta oportunidad. Le pareció estar en el infierno encerrada entre dos paredes vivientes que constantemente se acercaban sin llegar nunca a aplastarla. Esta prisión, hecha de paredes palpables, podría hacernos pensar en aquella palabra amenazadora de Cristo: “¡Las tinieblas exteriores!. Imaginemos un alma que por odio a la Luz se vuelve ciega como Edipo; que resiste todas las atracciones de la vida y que huye de la vida como de la luz. Lanzada fuera de la atracción de los mundos y de la claridad de los soles, deambula sola en la inmensidad oscura para toda la eternidad y únicamente existe para ella misma y para los ciegos voluntarios que se le asemejan. Inmóvil en la sombra, sufre la tortura eterna de la noche. Le parece que todo está aniquilado, excepto su propio sufrimiento capaz de llenar el infinito. ¡Oh dolor!. ¡Haber podido comprende y sin embargo haberse obstinado en el idiotismo de una fe insensata!. ¡Haber podido amar y tener atrofiado el corazón!. ¡Una hora solamente, o al menos un minuto de las alegrías más imperfectas y de los más fugitivos amores!. ¡Un poco de aire! ¡Un poco de sol!. ¡Siquiera un poco de claridad y un tablado para saltar!. ¡Una gota de vida, o aun menos que una gota, una lágrima!. Y la eternidad implacable le responde: ¡Qué hablas tú de lágrimas, si tú misma no puedes llorar!. Las lágrimas son el rocío de la vida y la destilación de la savia del amor; tú misma te aislaste en el egoísmo y te encerraste en la Muerte. 

¡Ah!. ¡Quisiste ser más santa que Dios!. ¡Escupiste en el rostro de nuestra señora madre, la casta y la divina Naturaleza!. ¡Has maldecido a la Ciencia, la Inteligencia y el Progreso!. ¡Creíste que para vivir eternamente era preciso asemejarse a un cadáver y disecarse como una momia!. 

No eres más que tu propia obra: ¡goza en paz de la eternidad que has escogido! Sin embargo, aquellas pobres gentes a quienes llamabais pecadores y malditos irán a salvaros. Aumentaremos la luz, voltearemos tu pared para arrancaros de vuestra inercia. Un enjambre de amores, o si queréis una legión de ángeles (amores y ángeles han sido creados de la misma manera), lo rodearán y llevarán con guirnaldas de flores y lucharás con el Mefistófeles del bello drama filosófico de Goethe. A pesar tuyo, a pesar de tus disciplinas y tu rostro pálido, revivirás, amarás, sabrás y sobre los restos del último convento verás también danzar con nosotros la rueda infernal de Fausto!.

¡Felices aquellos que lloraban en el tiempo de Jesús! ¡Felices, ahora, los que saben reír, porque reír es propio del hombre, como dice el gran profeta Rabelais, el Mesías del Renacimiento. La risa es la indulgencia, la risa es la filosofía. El cielo se calma cuando ríe, y el Gran Arcano de la omnipotencia divina no es más que una sonrisa eterna.